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miércoles, 10 de agosto de 2016

EL OLOR DE LA NOCHE

Por Anahita



La presentación en vivo se dio tras semanas de conversar, a través de la red social donde nos conocimos, acerca de nuestros gustos en música, comida y de esta ciudad en la que Glenn ha residido por 4 años, gracias  al buen negocio de su bar.


Acompañada de mi mejor amiga, visitamos el lugar; una casona en la Roma de la que este rubio y apuesto inglés logró hacer un recinto innovador con rock, tragos y asistentes compatriotas. Y ahí estaba yo, curiosa y contenta de conocerlo finalmente.

El chispazo fue inmediato. A pesar de que sólo fue un encuentro de más plática y buena vibra, sabíamos que nos reuniríamos otra vez. Así que la siguiente ocasión, sola, los drinks que cortésmente me invitaba rolaban con especial sincronía y el flirteo, ni se diga. Roces en las manos, palabras al oído y miradas retadoras preparaban los sentidos.

¿El hilo conductor?, el sexo, tema que  despreocupadamente  fluía para conocernos mejor. “¿Has practicado esto?”, “¿qué piensas sobre lo otro?”, “¿te gusta que te traten de este modo o del aquel?”… Cada punto a tratar era un piquetito que lograba cosquilleos en cada zona de mi cuerpo.

Entonces, fuimos a un lugar más privado y pasamos a la terraza, un sitio rodeado de plantas y con un sillón antiguo de vestidura roja y aterciopelada con una mesita en la que puse mi vaso y un cenicero. Una cortina igualmente barroca separaba la intimidad del bullicio que poco a poco se fue diluyendo.

Dueño del control, entre frases insinuantes y caricias ‘amistosas’, daba instrucciones a los empleados para dar fin al día laboral. Yo, nerviosa por las sensuales posibilidades, bebía y fumaba excitada. “Regresé para no irme, ya todos se fueron… Necesito seguir practicando mi español”, dijo pícaro con ese acento británico que lo hacía aún más varonil a la vez que posaba su rodilla en el asiento.

Su acercamiento comenzó al pasar con sus dedos un mechón de mi cabello por mi oreja, mientras yo, sonrojada, agachaba mi cabeza y lo miraba de reojo, para después dirigir su mano hacia mi nuca, tomarla y aproximar sus labios a los míos… El beso duró el tiempo en que yo desabrochaba sexy su camisa a cuadros.


Me incorporé y ahora él era quien estaba cómodamente sentado para yo quedar sobre su cuerpo con mis rodillas clavadas en el sillón atrapando su cintura. Deslicé la prenda de sus hombros y, descubiertos, los besé mordisqueando y viajé hacia su cuello para lamerlo mientras Glenn tragaba saliva, jadeaba expectante y yo me movía sincopada para provocar su miembro con mi sexo.

Su bulto era un prominente aviso de que todo iba bien. El aroma del huele de noche que asomaba sus ramas a los costados de la terraza, enaltecía la madrugada de un verano húmedo como el encuentro. Y mientras seguíamos restregando nuestros genitales, nos comíamos a besos y resollábamos con esa furia de la impaciencia por sentir la flor de nuestra piel.


Así que desnudamos por completo los torsos y, abrazados, refregué mis senos en su pecho, continuamos devorándonos las bocas y yo bajé sus prendas inferiores hasta llegar a sus botas industriales… Desde ahí, lo observé; mis manos se plantaron en sus muslos, y él seguía jadeando y me miraba con una inyección de lujuria en las pupilas. 

Maliciosa, sonreí y empapé mi palma con la lengua, tomé su pene y transferí el remojo en su tronco para resbalar en él cadenciosamente, pasando mi pulgar por su glande barnizándolo con su brillante líquido que exaltaba aún más lo rosado de su recubrimiento; fue una antojable invitación a hacerle el oral que mi cachondo londinense esperó desde el primer contacto.



Hundí su falo en mi boca y lo chupé metiéndolo y sacándolo con un jugueteo ansioso; hice que me recorriera la cara, mi cuello, mis pezones duros y ardientes para, otra vez, engullirlo y que tocara mi paladar, rozara mi lengua, sintiera delicadamente mis dientes y escurriera de saliva cuando salía de mi cavidad hambrienta.

Me puse de pie, dejé que amara mis tetas y volví a montarme en él con mi vagina bien jugosa para incrustarme el trozo que reventaba de firmeza. Mis ojos se perdían en el domo traslúcido que cubría ese rincón testigo, a la vez que Glenn me subía y me bajaba por su miembro con sus fuertes manos sujetando mis caderas.

Tom Petty sonaba en la rockola del bar; “tuviste suerte, cariño, sí, tuviste suerte cuando te hallé”, rasgaba la voz mientras nos rompíamos juntos en un increíble orgasmo en la penumbra de esa terraza con fragancia a sexo mezclado con huele de noche…

domingo, 7 de agosto de 2016

VACACIONES EN MALLORCA XV











Hola, estoy otra vez de vuelta, creo que ya solo quedamos los bueos lectores y yo. Ahora podre relatar mis experiencias con mas confianza.

Bueno, sin mas dilación prosigo, me propuse en su día relatar  todo lo acontecido y quiero cumplirlo.

 Abrí los ojos, ya era de día, la habitación estaba iluminada por la luz de la mañana,  se me hizo corta la noche. Lo primero una ducha, Juan dormía como un tronco, pensé que con el ruido del agua al caer lo despertaría.

 Cuando  salí de la ducha vi que Juan seguía igualmente  dormido, opte por salir a la terraza , el pelo seguía un poco mojado a pesar de que use un secador, utilice una toalla del hotel, que por cierto son un poco cortas. Ya en la terraza observe que algo había cambiado, no había tanta gente como en días anteriores, mire para abajo, al lado de la piscina del hotel, en una mesa, dos personas, una me alzo la mano, de primeras no conocía a esta persona pero igualmente lo salude, luego ya cuando se acostumbró mi vista a la luz comprobé que era Ricardo. Me hizo señas para que bajara, la verdad es que me apetecía un café, pero Juan seguía  durmiendo. Lo pensé unos segundos pero al final le hice una señal de que iba a bajar.

Me coloque el blusón  el cinturón y unas braguitas blancas, era muy temprano para que Ricardo quisiera algo,   por cierto creo que eran las ultimas, no sé porque parecía que me desaparecían solas.

Juan seguía a lo suyo, ni se movía, yo volví a mirarme en el espejo para colocarme el blusón, me vi bien, parecía mentira, incluso parecía que mi cuerpo agradecía tanta actividad sexual, me toque  y nada, estaba todo perfecto, como si hubiera llegado la noche anterior al hotel.

Me lo pensé dos veces, las braguitas blancas se veían a través de ese blusón, decidí quitármelas, de todas formas solo iba a tomar un café, abrí la puerta y baje colocándome el blusón  la verdad es que cuanto más me lo subía mejor me quedaba.


 Cuando Salí a la piscina ya me habían hecho un sitio en medio de los dos, Ricardo se levantó y me dio un beso de buenos días el otro me dio la mano, se presentó como Max, era regordete ya cumplidos los sesenta y bastante feo por cierto, luego aprecie que también era bajito.

 Me quede un poco pensativa, podría ser el de ayer, pero no lo vi lógico en ese momento, ya cuando me senté  y debido a lo mucho que me lo había subido Ricardo noto que no llevaba nada debajo.

Aproximo su silla y echando el brazo por encima de mis hombros me dijo, mientras se asomaba a mi escote:

-Ya está preparado Gori para esta noche, ¿tanto te gusto?

Yo no quise desvelar mis planes, así que no respondí.

 En ese momento llego el camarero, la postura de Ricardo le extraño, al fin y al cabo era casado y trabajaba allí, el camarero era bastante jovencito, y las caricias sobre mi hombro habían retirado  prácticamente uno de los dos  tirantes que me sujetaban el blusón. Ricardo se percató enseguida de la reacción de aquel joven, cuando le pedí el café y se fue, Ricardo aproximo su boca y me dijo:

-Quiero que cuando te traiga el café se quede boquiabierto, enséñale todo tu coño.

El viejo regordete Max estaba escuchando todo sin perder detalle de lo que sucedía. No tuve que moverme mucho, con subirme un poco el blusón y echar mi cuerpo para atrás solo me quedaba abrir las piernas cuando el camarero apareciera.

Cuando llego el camarero hice lo que tenía pensado, al camarero casi se le cae la bandeja, pero no dijo nada, se fue, eso sí mirando para atrás cada dos pasos.

Ricardo me dijo entonces:

-Voy a hacer que te corras aquí mismo putita.

Y abriéndome las piernas puso una de ellas encima de la suya quede completamente abierta y el empezó a acariciarme el clítoris, Max por su parte no podía abrir más los ojos.

Viendo la cara de sorpresa Ricardo no dudo en aclarar a Max la situación:

-Ves ya te dije que haría lo que yo quisiera.

A lo que Max replico:

-Y su novio, me dijiste que tenía novio.

Yo me corría mientras veía al camarero entre los cristales del bar moviéndose para buscar el mejor Angulo.

-Su novio no dice nada, al contrario creo que le gusta y disfruta viéndolo. Le contesto Ricardo,

Le basto eso para  acercar su mano, deslizar el tirante por mi brazo y  acariciar el pecho que quedo al aire.

Yo a esas alturas había perdido el control pero Ricardo paro en seco, menos mal, porque alguien tenía que parar aquello. No estábamos en un sitio apropiado, en cualquier momento podía pasar alguien por allí, no es que me importara, estaba demasiado caliente, pero a él sí, estábamos en su trabajo. Inmediatamente me recompuse un poco, no había probado el desayuno todavía.

Ricardo, mientras yo desayunaba fue contándole a Max lo vivido en aquel bar de alemanes, desde su punto de vista parecía más bien una locura que otra cosa, pero no quise interrumpir.

De pronto de levantaron los dos, tenían varias tareas que hacer, según ellos ese día llegaba gente nueva al hotel y tenía que estar todo preparado para el cambio, al final no me entere si Max fue el que me tuvo el día anterior.

Despidiéndose sin beso esta vez se  alejaron hablando los dos, yo proseguí con mi desayuno que por cierto me apetecía bastante, aunque me había dejado muy caliente.

Me quede pensativa, parecía que mi cuerpo iba por delante de mi mente, debería haber previsto lo que pasó allí, o acaso lo estaba deseando en mi subconsciente. ¿Era tan caliente que le tenía que ocultar a mi novio la mitad de lo que hacía?

 Fueron sucediéndose preguntas cada vez más difíciles de responder. ¿Sería capaz de contenerme cuando las vacaciones acabaran?

Mientras seguía haciéndome preguntas sin respuesta aparente vi salir a Diana por la puerta que daba a la playa, ella no me vio o en ese momento no quiso verme, para mi sorpresa no se dirigía hacia la playa precisamente, su dirección iba encaminada al hotel de al lado.

 Empecé a dudar, según me había dicho Alex, madrugaba para buscar un sitio en la playa, seria mucha casualidad que ese día fuera el único que engañaba a Alex, además me entro curiosidad de como acabaron la noche anterior, así pues, cogí el bolso, me levante con la intención de averiguar por lo menos alguna cosa.

 Seguí a Diana, ni se volvió a mirar, eche una mirada hacia la playa, estaba especialmente vacía para la hora que era. Diana entro por el restaurante, yo sin dudarlo la seguí, tarde en entrar como un minuto, pero al pasar no la veía, eso sí, aquello estaba a reventar, maletas, bolsas repletas de regalos y mucha gente. Me acerque a la barra para ver si podía localizarla y al final allí estaba, justo al fondo. Intente avanzar entre la gente. Antes incluso habría esquivado aquella aglomeración, pero ahora hasta me gustaba aquella sensación de roces intencionados, ya sabía que muchos me habrían reconocido, mis aventuras en aquellas verbenas me habían procurado una imagen que me precedía, pero yo intente avanzar por donde menos sitio había, hasta que de pronto alguien me agarro por el brazo derecho:

-Hola, buenos días.

Allí estaban los tres de la noche anteriores, era de esperar que me los encontrara,

-Buenos días, ¿preparando las maletas? Pregunte.

-No, que va, aunque nos hemos llevado muy bien con todo este grupo, no vamos con ellos. Nosotros nos quedamos todo el fin de semana, somos de Vallecas.

Aquella aclaración me dejo sorprendida demasiado cerca pensé, pero ya era demasiado tarde también, incluso aquella aclaración deduje que la habían hecho porque sabían de donde éramos nosotros. De todas formas nada se podía hacer ya.

 El más lanzado, que era el único que hablaba, me llevo hasta la barra, por el camino y con la excusa de las apreturas note su mano en mi trasero. Esa picardía que tenían algunos hombres al aprovechar cualquier ocasión, me gustaba, me hacía sentirme deseada en cualquier momento, cuando llegamos a la barra se encaró a mí  y me pregunto:

-¿Dónde vas a estas horas por ahí sin bragas?

Sin esperar respuesta pidió al camarero cuatro cafés, yo ya había tomado pero otro café no me vendría mal. Busque a Diana con la vista, apenas la podía distinguir entre tanta gente, pero de buenas a primeras la multitud iba abandonando el restaurante, al parecer el autobús que los tenía que llevar al aeropuerto estaba preparado. Diana se fue con los cuatro mirones sin darse cuenta de mi presencia, nos estábamos quedando prácticamente solos momento que aprovecho para preguntarme:

-¿Bueno y que planes tenéis tu novio y tú para hoy?

-No sé, no se ha despertado aún. Respondí yo

-Tu novio está durmiendo y tú por ahí sin bragas, pues vamos a hacer una cosa, yo te doy mi móvil y cuando lo sepas me avisas. Dijo el más lanzado. Sin esperar una negativa cogió una servilleta de la cafetería, saco un bolígrafo apunto su número y me lo metió en el bolso.

Me invitaron a subir:

-Si quieres vamos arriba, seguro lo pasaras bien.

Iba bastante caliente, pero creía que Juan estaría despierto ya.

-No, tengo que ir con Juan,  seguro está preocupado.

Ellos lo comprendieron entre risas claro, la verdad es que no era muy normal que yo estuviera tomando café con otros hombres en otro hotel mientras mi novio dormía.

Me despedí de ellos y me dirigí al hotel, cuando ya había casi llegado, vi la calle llena de jóvenes, seguro eran los nuevos vecinos por unos días. Seguro que eran estudiantes, no eran más viejos que yo, de eso estaba segura, pero eso sí, no debía ser un colegio mixto. Decidí subir por la escalera, los ascensores estaban llenos, cosa que agradecieron los que subían tras de mí, oía las murmuraciones que hacían sobre mi trasero, la verdad es que el blusón aquel no escondía mucho desde aquella posición, me hizo gracia que les chocara tanto ver una mujer casi desnuda, tampoco era para tanto.


Continuara…

lunes, 1 de agosto de 2016

VACACIONES EN MALLORCA XIV


por Merche 


Nos dirigimos a la tienda y por suerte el vestido ya estaba arreglado, pasó al probador, el dependiente se quedó sorprendido, debió pensar que la ropa interior había desaparecido. A Diana ya no le importo que mantuviese la cortina abierta mientras se desnudaba, el arreglo era dejarlo un poco más corto, pero en realidad lo dejaron un poco más corto de lo que yo pensaba. Diana me pregunto que como le quedaba, le dije que bien, pero sabía que cualquier movimiento brusco dejaría al descubierto el final de sus piernas.


 Dimos por finalizadas nuestras compras, por llamarlo de alguna manera y nos asomamos a la playa, intentábamos localizar nuestras respectivas parejas, hicimos unas señas con las manos y enseguida nos vieron.

La gente estaba recogiendo sus cosas, terminaba otro día de playa, comenzaba una noche de diversión. Cuando llegaron a nosotras no dije una palabra de lo sucedido, pero cuando subimos a la habitación a cambiarnos se lo conté todo, todo menos la proposición de Alberto, eso de volver sola me lo tendría que pensar despacio.

 Otra vez delante del armario, no sabía que ponerme, si una ropa más formal u otra más alegre. Al final me decidí por la falda azul cortita, que tan buen resultado me dio. Me fui al baño y me pico la curiosidad, más cantidad  de crema en mí para experimentar de primera mano la sensación que experimento Diana, lo dejé para más tarde y me puse aquella mini que tanto deseo desataba en los hombres, por supuesto el sujetador no me hacía falta así que lo dejé sobre la cama, estaba preparada.


Juan me vio y me piropeo un poco, aquella camisa blanca semitransparente no dejaba mucho a la imaginación, cogió la mochila donde había depositado el alcohol que habíamos comprado esa mañana, nos cogimos de la mano y bajamos a la terraza, la verdad es que yo estaba estupenda.

 La música ya había empezado, pero no era esa la terraza sino la del hotel de al lado a la que teníamos que asistir, decidimos entonces dar una vuelta por la playa. Me quite los zapatos de tacón y empezamos a andar por la arena en dirección al mar.

Llegando casi a la orilla Juan saco una toalla pequeña y la puso en la arena para sentarnos,  después sacó una botella de orujo y dándome un vaso de chupito, me dijo:

-Hay que brindar, llevamos casi una semana aquí y seguimos vivos.

Nos tomamos un par de chupitos cada uno contemplando la inmensidad que teníamos frente a nosotros, luego me dio un beso largo, profundo de los que no se olvidan, acariciándome los pechos por debajo de aquella camisa anudada que llevaba puesta.

 Entre unas cosas y otras  nos metimos más de  media botella de aquel licor y vimos como la terraza a la que nos dirigíamos se empezaba a llenar de gente,  era la hora de acercarnos  a aquel lugar.

Me acorde de la crema que quería experimentar y sacando  el tubo aplique el producto retirando un poco mis braguitas, al igual que mi amiga Diana puse gran cantidad.

 Juan  se puso de pie, me ayudo a incorporarme y recogiendo después la toalla que metió  en la mochila. Empezamos  a andar hacia la terraza y se acercó por detrás para desabrocharme dos botones de la camisa, comenzaba el juego sin haber llegado a la terraza siquiera.

Estaba bien iluminada, una pista central  y unas mesas rodeando esta pista, para beber y disfrutar de la velada, pronto divisemos a nuestros amigos, los cuatro estaban  compartiendo una mesa con Diana y Alex, al aproximarnos estos se levantaron saludando con un apretón de manos a Juan y el  restregón apropiado para mi persona, nos hicieron sitio en la mesa y nos sentamos con ellos. Diana había elegido el vestido negro, el que fue cortado, apenas cubría nada, por mucho que se estiraba, estando sentada era imposible.

Yo andaba ya caliente, entre los chupitos que me había bebido y la crema que me había untado, me estaba empezando a hervir la sangre, Juan me puso la mano encima de mi pierna, no paraba de acariciarla cada vez subía más, termine facilitándole el trabajo  abriendo las piernas un poco. Esto no pasó desapercibido para los que estaban sentados  enfrente, me excitó más aún, estaba segura de que se me veían las bragas, pero yo necesitaba más.  Me levente y me fui al servicio, tenía que quitármelas, necesitaba  sentir el contacto directo de la mano de Juan sobre las partes más íntimas de mi ser.  Cuando me las quite aproveche para untarme un poco más de aquella crema que tanta calentura provocaba en mi cuerpo. Volví  enseguida  a ocupar el mismo asiento y Juan no tardo en repetir las mismas caricias, solo que ahora no se detenía en el borde de mi coño y yo me habría libremente de piernas para facilitar su empeño.


Esto nuestros amigos los mirones lo tomaron como un regalo y sin querer depositaban sus miradas entre mis piernas. Juan debió darse cuenta de mi estado, decidió sacarme a bailar, no era cuestión de acabar follando allí mismo que era lo que estaba a punto de ocurrir.

 No era una música muy lenta,  pero a mí me apetecía en ese momento enseñar mis pechos, así que levante mis brazos lentamente para rodear el cuello de Juan y la camisa hizo lo demás  al alzarse de delante dejo al aire mis pechos que yo arrime fuertemente contra Juan, el espectáculo ya había empezado, nuestros amigos los cuatro mirones de la playa ya nos conocían, solo disfrutaban del espectáculo, pero Alex y Diana se quedaron embobados. Uno de ellos le pidió a Juan el cambio y éste acepto, no cambié de posición ante la mirada de sorpresa del mirón apreté mis pechos contra él, era evidente mi turbación y la temperatura que iba alcanzando mi cuerpo.

El vejete mirón comenzó a masajear mi trasero con una mano, bajándola de mi cintura y con la otra  acariciaba la parte baja de mis pechos, disimuladamente,  pero sin oposición por mi parte. Yo veía a Juan que conversaba con otro desconocido de la mesa de al lado, pero sin quitarme ojo, me conocía muy bien, sabía que estaba a punto de explotar.

De pronto Juan y el desconocido se levantaron y vinieron hacia mí, evitaron así un desenlace escandaloso en medio de la pista de baile, íbamos a tomar algo en la barra,  no era lo que yo necesitaba  en ese momento,  pero me hizo pensar que en el lugar donde estábamos  lo único que conseguiría  seria la expulsión de dicha terraza.

Otro chupito, el desconocido saco la conversación de las habitaciones  del hotel, que si eran muy buenas, que tenían frigorífico con bebidas, un baño excepcional, señalando una habitación en especial , estaba debajo de la de los mirones, yo pensé que me había reconocido, después me saco a bailar, ahí si me lo confeso:

-¿Así que estas aquí  con tu novio?¿Pues sí que ha cambiado tu novio!

-No le digas nada por favor, no sabe nada, de la otra noche. Le conteste yo.

Aprovecho para arrimarse un poco más y acariciarme.

En ese momento divise a Diana, la estaban sacando a bailar los mirones, se turnaban con ella, Alex, era tan inocente que no se enteraba de que la estaban sobando a conciencia. Claro que mi novio también la vio y fue a por su parte. Me quede bailando con aquel hombre en el otro extremo de la pista.

-Ven que te voy a presentar mi compañero de habitación. Me dijo

Me cogió del hombro y nos acercamos a otro desconocido para mí. Después de las presentaciones me propusieron ir a ver la habitación e insistieron.

-Bueno, pero cinco minutos, mi novio me echara de menos. Desde luego la estrella más que tenía el hotel  se la merecía, escaleras de mármol, barandillas de madera  y ascensores amplios, aunque el ascensor no lo utilicemos, subimos por las escaleras.

Llegamos a la habitación, a mano izquierda el baño, bastante grande por cierto, a continuación dos camas  y la terraza  al fondo que fue donde nos dirigimos, desde allí se podía ver la terraza con la gente bailando, se oía la música como si estuviera al lado de nosotros.

Decidí entonces probar lo blandita que era la cama, es lo que se suele hacer cuando pasas a la habitación de un hotel:

-¡Que blandita es! Exclame

Al botar en la cama, la falda se subió ya apreciaron que no llevaba nada debajo, por si quedaba alguna duda.

-Sí,  pues si es cómoda. Y sin bragas más. ¡Jajajaja!. Contesto uno de ellos

 Inmediatamente el que había bailado conmigo, me invitó a bailar en la terraza con la excusa de no haber terminado la pieza anterior, acepte mientras el otro se dirigió al frigorífico para sacar unos vasos y un poco de hielo.

 Estaba sola en la terraza con un desconocido que no se detenía  por nada, comenzó agarrándome por la cintura, pronto su mano izquierda bajo hasta mi culo y fue recogiendo mi falda hasta poder  tocarlo sin prenda alguna de promedio-

-La otra noche me quede con ganas d tocar este culo Me dijo al oído.

 El tono de su voz mientras me acariciaba el trasero me produjo tal placer que no me di cuenta de que estaba desabrochando los pocos botones que quedaban en mi camisa. En unos instantes mis pechos quedaron desnudos, al aire. Comenzó a besarlos  sin parar, noté que me estaba desabrochando la falda, pero no hice nada para impedirlo. La falda cayó irremediablemente al suelo y solo tuve que echar los hombros para atrás para que la camisa hiciera lo mismo, quede totalmente desnuda subida en los  tacones.

 La pista de baile no estaba lejos, no lo suficiente, estaba segura que se podía ver mi silueta desnuda ante la luz de la habitación, mi compañero de baile seguía propinándome caricias por todo el cuerpo y yo ya no era dueña de mi misma.

-Seguro que te gusta estar desnuda en la terraza y que te vean todos.

-Si le conteste .Mientras se colocaba detrás de mí quedando así totalmente expuesta

 El otro desconocido vino entonces en mi ayuda, cogiéndome de la mano  y llevándome hacia la cama para que me tendiera, se apodero de mi boca dándome un largo beso mientras el otro me abría las piernas para trabajar despacio mi clítoris con su lengua, no había prisas, una calma placentera invadió el ambiente, el placer se instaló en esas cuatro paredes, no había motivo para acelerar ese momento,  cuando retiro uno su boca de la mía me pregunto:

-¿Seguro que tu novio no sabe nada?

-  No, no sabe nada, Salí sola esa noche. Respondí yo.

- ¿Y de las fotos que andan circulando?

Me aclarara esa pregunta muchas cosas.

-No las fotos tampoco las ha visto. Le dije mientras me corría, la otra no paraba con su lengua.

-Entonces no sabe lo puta que eres. Prosiguió

Yo intente aclarar un poco la cosa.

-A él le gusta que me vean, le gusta subirme la falda, estas son las primeras vacaciones en lo que hago esto. Intente aclarar. Pero ya tenía la polla del desconocido dispuesta, no me dejo proseguir con mi explicación, estaba totalmente erecta y a mi disposición. Solo tuvo que abrirme un poco la boca para que yo comprendiera  que la necesitaba meter dentro, lo hizo despacio para que yo acariciara su punta con la lengua cuando iba entrando.

 El otro me metió su polla de golpe, consiguió romper aquella calma de un flechazo, me corrí a la primera embestida, era tanto el placer que parecía que mi cuerpo flotaba encima de aquella cama. , se notaba que era un experto, la metía de golpe y la sacaba despacio, me estaba volviendo loca, mientras yo seguía chupando cada vez más deprisa. Yo apreté los músculos de mi vagina intentando  retener aquella polla que me estaba dando placer y lo que conseguí fue una pronta eyaculación por su parte, pero enseguida cedió su sitio al que tenía ocupando mi boca, no se lo pensó, en un instante ya la tenía toda dentro. De momento se abrió la puerta, era otro individuo.

Pedí una explicación no sabía cuantos amigos eran, me dijeron que estaban todos.

 Le indique con el dedo índice al otro desconocido que se acercara, ya sabía lo que quería, se la fue sacando mientras se aproximaba y la introdujo en mi boca sin siquiera pararse. Yo continúe chupando, lamiendo, todo me parecía poco.

 El desconocido que me estaba follando no tardó mucho en correrse, entre la chupada que le di y lo jugoso que tenía el coño se deshizo en un alarido de placer. Pronto el otro quiso ocupar su puesto pero el que acababa de fallarme lo  paro diciéndole:

-Espera que queda una sorpresa, esta puta que lleva toda la semana enseñándonos su culo por la terraza es hora de que nos lo dé.

 Me dio la vuelta y doblo mis piernas y mi culo quedo indefenso. No lo dudo un instante, el desconocido me penetro por detrás, pero no sentí nada de dolor, esa crema era especial, ni siquiera al principio, consiguió metérmela entera sin esfuerzo aparente, estaba totalmente dilatada.

-¿Parece que te gusta? Me pregunto.

-Sí, si me gusta, ya lo sabes. Le respondí.

 Paso su mano por debajo y continúo acariciándome el coño mientras se movía, no sé cuántos orgasmos tuve, no los podía contar, no daba tiempo. Exploto dentro de mí, dejando caer su cuerpo contra el mí, sin duda  quedo sin fuerza, un instante de flaqueza que muchos hombres tienen después de correrse. Me dio un beso en la espalda y se levantó. Yo quede inmóvil, también necesite un momento para recuperarme de tanto orgasmo incontrolado, el tiempo necesario para que los desconocidos prepararán unos combinados, cosa que yo agradecí, bueno , más bien mi cuerpo, que estaba sudoroso.

 Bebí el primer cubata de dos tragos, lo que tardaron en ponerme otro, salimos los cuatro a la terraza yo me enrolle una sábana y nos fumamos un cigarro, no había mucho que decir, todos estábamos satisfechos. Pase para vestirme pero sin prisas, había perdido la noción del tiempo.

Sin más me despedí un beso a cada uno y bajé en dirección a la verbena, mi novio ni se había enterado, seguía bailando y observando a Diana que no paraba de enseñar su trasero. Alex seguía sin enterarse de nada. Mientras Diana iba cambiando de manos cada quince segundos. Avise a Diana de que se le estaba viendo las braguitas, su reacción me extraño un poco, en vez de parar de bailar se movía mas todavía

 Le dije a Juan que quería terminar la fiesta, estaba un poco cansada, había sido un día bastante largo, vi que Juan  se lo estaba pasando bien así pues le pregunte si quería quedarse, yo me iría sola, pero no quiso, nos despedimos de todos y nos dirigimos a nuestro hotel, subimos a nuestra habitación sin pararnos en ningún sitio. Había estado bien el día yo por lo menos estaba satisfecha. Esa noche dormimos abrazados toda la noche. No sé cómo termino la noche para Diana, pero se lo estaba pasando en grande.

Recuerdo a mis lectores que esto paso hace algunos añños , que hay algunos que me estan buscando alli ahora.

Tan solo un beso para cada uno, sois muchos

y un abrazo , hasta siempre y para siempre  vuestra....Merche

merche27@gmx.com

merchetodomimundo@gmail.com

http://merchetodomimundoestuyo.blogspot.com.es


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viernes, 29 de julio de 2016

VACACIONES EN MALLORCA XIII


por MERCHE


 Cuando llegamos al hotel subí a la habitación, mientras él se fue a coger mesa al comedor, pensé en darme crema otra vez, dejé la bolsa con la bebida y cogí el tubo. La verdad es que era un tubo raro, sin especificaciones, parecía tener un nombre alemán, lo cierto es que desde que me lo apliqué por la mañana cualquier roce aumentaba notablemente mi calentura, me unte un poco y lo metí dentro del bolso.


De pronto llamaron a la puerta, pensé que era mi novio, algo que se le habría olvidado, abrí la puerta sin preguntar. Era Ricardo:

-Hola Merche…lo que me pediste esta mañana tiene su precio…

Diciendo esto saco una tela y me vendo los ojos, me cogió del brazo y me llevo a otra habitación, en la misma planta, alguna habitación que quedo vacía esa mañana, pronto advertí la presencia de más gente, no estábamos solos, alguien me desnudo mientras Ricardo me decía al oído:

-Recuerda que tu novio te entrego a mí.

-Sí. Le respondí yo.

Seguidamente doblo mi cuerpo hacia delante y sentí que algo quería entrar dentro de mi boca, debía estar bastante grueso, su barriga me daba en la cabeza cuando la paso toda dentro, solo me dio tiempo a darle cuatro o cinco chupadas, note su presencia detrás cuando metió dos dedos en mi ano para dilatarlo, pues la mano para impedirlo, un acto reflejo que me costó un azote en el trasero:

-¡Quieta, puta! Escuche una voz que no reconocía. Comprendí que ese hombre estaba excitado a tope. Siguió hablando pero ya no se dirigía a ni:

-Parece que está bastante buena y un poco rebelde, como a mí me gustan.

 No era muy delicado que digamos, la introdujo toda de golpe sin vacilar, con movimientos cada vez más acelerados a la vez que azotaba mi trasero sin piedad, solo tardo un par de minutos y todo acabo, me había usado para aliviarse, no conto conmigo para nada. Ricardo me dio mi ropa y me acompaño a mi habitación sin dejar ponérmela, no entendí nada.

Me coloque la ropa, tenía el trasero rojo y baje a comer, ya estarían echándome de menos. Cuando pasé al comedor allí estaban los tres, mi novio como de costumbre medio embobado por los encantos de Diana, cualquier movimiento que ella hacia era motivo para desviar su mirada del plato.

 Yo pensaba que Diana iba a montar otra escenita, pero no, llevaba puesto el mismo pareo y la parte de abajo del bikini, aparte de las miradas provocativas hacia mi novio durante la comida, entre chistes y comentarios no pasó nada, yo mientras buscaba el desconocido que me acababa de follar por detrás el culo, por lógica tendría que estar allí. Terminamos de comer y subimos a la habitación, quería descansar un poco más antes de ir de compras, no le dije nada a mi novio, eso de los azotes no era para comentarlo.

 Un par de horas de siesta, me levante como nueva, me puse el blusón con aberturas en los lados, el que me compró Ramón, un cinturón para subirme las aberturas hasta donde yo quisiera,  unas braguitas y unas sandalias blancas de tacón, no necesitaba más, estaba cómoda y fresquita, cogí en bolso y llame a su puerta, Diana ya estaba preparada y salimos del hotel. Me di cuenta de que practicaba una competencia disimulada, si yo movía las caderas, ella un poquito más, si se movían mis pechos, ella los movía un poquito más, despertó mi curiosidad por saber hasta dónde podría llegar.

 El destino había dejado en mis manos vestir y preparar a la presa que iba a devorar la bestia, iba gustosa a desarrollar mi trabajo.

 La primera tienda, ya me conocían, había ido más de tres veces en cuatro días, los dos dependientes nos saludaron, de allí era el blusón que llevaba puesto.

-Buenas tardes, que desean. Preguntaron.

-Algo fresquito, para la noche. Respondió Diana.

 Sacaron tres vestidos largos.

-¡No, no, cortos para bailar! Aclaró Diana.

 Nos enseñaron algunos para elegir. Ella eligió uno azul cortito y otro negro no mucho más largo, con un poco de vuelo. Yo no los hubiese elegido mejor para mis planes. Fuimos al probador y se desnudó, tenía un cuerpo espectacular y unas curvas de escándalo. Se probó el azul y luego el negro, me pregunto que como le quedaban. Bien le dije yo, el negro un poquito largo.

 El dependiente, que estaba boquiabierto, pues yo había mantenido abierta la cortina que hacía de puerta en todo momento, al oír mi comentario vino hacia nosotros para ofrecer un arreglo gratuito de la prenda, ella acepto, en una hora estarían las prendas listas. Yo le advertí a Diana que aquellos vestidos eran muy finos y que la ropa interior se le iba a notar, a lo que ella respondió:

-Con usar ropa interior oscura o no usar ninguna se soluciona el problema.

 Me lo estaba poniendo en bandeja. Toda los tabúes que tenía desaparecía cuando Alex no estaba presente. Iba ella solita a la boca del lobo. Esperaba que las compras se alargaran un poco más, pero no fue así, en la primera tienda que habíamos entrado se acabó todo, se puso el vestido azul dándolo por estrenado y salimos en dirección a un bar que había frente a la tienda. El vestido azul que llevaba si era fresquito, era tan fresquito que se transparentaban sus bragas y su sujetador, cuando pasamos al bar, al trasluz de la puerta era como si no llevara vestido.

 Pedimos dos cervezas y fuimos al servicio a retocarnos, yo le comenté que se le transparentaba su ropa interior y ella se la fue quitando, primero el sujetador, ya no se le verían las tiras de los hombros de éste, después sus braguitas deslizándolas por sus piernas hasta el suelo.

 Abrí mi bolso sacando un pintalabios y ella vio el tubo de crema misterioso, me pregunto, para que era. Yo le conteste que era un relajante, que me dejaba como nueva. Atrevida como era ella, cogió el tubo y se aplicó una cantidad considerable, terminamos de componernos y salimos dispuestas a degustar una cerveza, me senté en la primera mesa a la derecha de la salida del servicio, ella fue a por las dos cervezas a la barra, diez metros de pura exhibición, era imposible no mirarla, el movimiento exagerado de sus caderas provocaban un movimiento acompasado de sus pechos, parecían moverse libremente dentro de ese vestido semitransparente. Era inevitable que atrajera la mirada de alguno de los paisanos que estaban mirando el futbol en el televisor, una vez sentada Diana en frente de mí, observe que entre aquellos hombres conocía a dos eran los del karaoke, ya me había olvidado de ellos,  solo tardó un minuto en acercarse un paisano a presentarse:

-Hola, soy Antonio, te he escuchado y no pareces de aquí. Preguntó dirigiéndose a mí.

-No, soy del centro de la península. Respondí haciéndome la loca.

 Antonio pidió tres cervezas más y las trajo a la mesa, Diana le hizo un sitio, para que se acomodara, no sé si lo hizo a propósito, pero al retirarse subió tanto el vestido que se hizo evidente que no llevaba bragas, acto que envalentonó a nuestro nuevo amigo. Mientras me explicaba, que era de Bolaños de Calatrava, un pueblo de Ciudad Real, que fue allí de vacaciones y se quedó a vivir, estaba metiéndole mano a Diana que no oponía resistencia alguna, yo apreciaba como se iba abriendo de piernas más y más debajo de la mesa, su cara se iba transformando poco a poco, sin duda la crema que se había puesto estaba empezando a hacer efecto, estaba saliendo la putita que tenía dentro. Antonio subió su mano hacia los tirantes del vestido y los apartó, dejó los dos pechos al aire, tenía los pezones de punta, Diana estaba a tope y Antonio lo sabía.

-¡Ve al servicio y desnúdate! Le ordenó.

 Me quedé perpleja, Antonio se fue en dirección a la barra y Diana se levantó sin decir palabra. Estaba tan caliente que parecía que no tenía voluntad. Pase a ser una mera espectadora, nadie me dijo nada. Me moví de asiento para ver lo que ocurría en el servicio pues ni la puerta cerró al entrar, vi como deslizo su vestido hasta el suelo, lo recogió y lo dejo encima del lavabo. Al momento apareció Antonio con un amigo y entraron los dos al servicio, la cogió por detrás mostrándole los pechos puntiagudos a su amigo que enseguida saco su polla de las bermudas que llevaba y la empezó a mover. No había palabras, ella sola doblo su cuerpo para saborear esa polla desafiante, no le hicieron falta indicaciones, sabía perfectamente lo que ellos querían y se lo iba a dar.

Antonio inmediatamente comenzó a follarla por detrás, no tardaron en llegar los jadeos de Diana que perecía estar fuera de sí, agarraba esa polla con fuerza como si se le fuera a escapar, yo quede inmóvil, como si no estuviera allí.

 Termino Antonio sin sacarla, dentro de ella y su amigo ocupo su lugar, siguieron los jadeos mientras Antonio abandonaba los servicios captando mi atención, se dirigió hacia mí y se sentó a mi lado para terminar su cerveza.

- La próxima vez que quieras follar, ven sola, no distraerás mi atención.

 Me dijo al oído mientras me acariciaba los muslos.

- Te he reconocido desde que entraste por la puerta, también estuve aquella tarde en la discoteca que fuiste con tu pareja y me quede muy caliente. Me aclaro momentos después.

 Me di por invitada si algún día me apetecía volver. Los jadeos pararon y el amigo de Alberto salió del servicio, Antonio se levantó y junto con su amigo abandonaron el local. Yo me levante y fui al servicio, allí estaba Diana recomponiéndose el vestido, queriéndose disculpar por su comportamiento. Hasta me hizo prometer que no se lo diría a Alex. Comprendí que Diana estaba en mis manos desde entonces y descubrí que también me gustaba ver desde fuera esas situaciones, estaba muy caliente y el modo en que me había hablado Antonio me puso más todavía.

 Diana se colocó el vestido como pudo y salimos a la calle a que nos diera un poco el aire, iba temblorosa, como si no se creyera lo que acababa de hacer, me confeso que con dos a la vez no lo había hecho nunca.

Un beso a todos, gracias por los correos os aseguro que los leo todos e intento contestarlos.

Me despido, como siempre, vuestra.... Merche

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jueves, 28 de julio de 2016

VACACIONES EN MALLORCA XII

por MERCHE GARCIA

Habían sido cuatro días de locura continuada. Disfruté como nunca había imaginado, no solo eso, sino que cada aventura me llevaba otra más excitante todavía. Gori, Gori, repetía en mi cabeza, como dominar a esta bestia, Gori Gori...Diana...Gori...Diana...Diana En mi cabeza ya se estaba preparando un plan para darle a Diana lo que se merecía. Diana había pedido guerra y yo no la defraudaría, tendría su bestia correspondiente.


Llegamos al hotel sin darme apenas cuenta. Subimos a la habitación y yo le pedí a Juan que al día siguiente no hiciera planes, quería un poco de tranquilidad, había superado todas las expectativas para esas vacaciones. Mientras me preparaba para una ducha Juan me dijo que iba a por comida china, que hoy cenaríamos en la habitación.

 Juan tardo aproximadamente veinte minutos. Cuando llegó me comentó que se había encontrado con Alex y Diana, que había estado hablando con ellos. Nos habían propuesto ir juntos el sábado a la disco latina que había por allí al lado, que el sábado estaría más animada. Bueno, pensé yo, era jueves, tenía todo el viernes para descansar. Cenamos tranquilamente y me dispuse a descansar, disfrutar de una noche tranquila no me vendría nada mal.

 Me desperté al día siguiente, abrí los ojos y Juan no estaba, mire el reloj, marcaba las diez de la mañana, encima de la mesita de noche un ramo de flores con una nota "Gracias por ser como eres, tu admirador Ricardo".


 Me sorprendí, Ricardo había estado aquí, yo por supuesto estaba desnuda, solo una sábana desordenada tapaba algunas partes de mi cuerpo.

 Sin haberme movido apenas en diez minutos, oí como abrían la puerta, eran Ricardo y Juan:

-Hola Merche, te ves esplendida. Esto me lo ha recomendado Ricardo, es para después de lo que tú ya sabes. Continuó explicándome Juan, dejando un tubo de crema encima de la mesita.

-Hola preciosa, gracias por la maravillosa tarde que nos diste ayer. Me dijo Ricardo, portando una bandeja con mi desayuno que dejo encima de mis piernas.

 Yo no contesté a ninguno estaba sorprendida, no era lo que yo buscaba, una relación continuada con Ricardo, me parecía peligrosa en aquel momento, pero pronto mi mente empezó a trabajar, con un par de palabras le podía dar la vuelta a la situación. Pensé entonces en Diana, mientras tomaba el desayuno, un plan se desarrollaba en mi cabeza.

 Ellos salieron a la terraza y se encendieron un cigarro, yo aproveche para darme la crema en mis partes íntimas, estaban como nuevas, la crema que me puso Ricardo sin duda era bastante buena, mientras tanto mi cabeza daba vueltas a tres nombres.

Ricardo me llamo  en ese preciso momento:

-Merche ven aquí con nosotros.

Yo lo dude un instante, pero fui, rodee mi cuerpo con una sábana y  me quede en el umbral de la puerta, no quise salir a la terraza, demasiado expuesta. Además Diana y Alex podían estar en la terraza contigua, tampoco había terminado de darme aquella crema. Ricardo me explicó entonces que aquella crema debía repartirse por dentro de mí, me cogió por un brazo y me hizo salir. Me quede paralizada mientras el introducía la mano entre la sabana para untarme la crema, mi movió permanecía quito mirando cómo me iba cambiando la cara por la calentura. Note entonces que sí, que en la terraza contigua había gente, los paneles biselados dejaban ver el movimientos de sombras, Casi estaba a punto de correrme cuando llamaron a la puerta.

 Ricardo eme dijo que fuera a abrir, pero se quedó con la sabana en la mano. Mire a mi novio esperando una respuesta que por supuesto no apareció. Demasiado caliente para oponerme.

Pregunte quien era primero:

-¿Quién es?

-Alex. Me respondió una voz, estaba desnuda completamente. Juan y Ricardo vinieron  hacia mí, se metieron en el aseo mientras Ricardo me decía al oído:

-Quiero que seas muy mala.

Abrí la puerta despacio, Alex se quedó asombrado seguramente no esperaba verme así.

-Bajo para la playa, oí voces y pensé que estabais aquí, Diana ya fue hace tiempo a coger sitio. Me dijo Alex mientras miraba mis pezones rectos por la calentura que llevaba en ese momento.

-Estoy sola, habrá sido la televisión, ¡pero pasa y ves nuestra habitación!

Me di la vuelta y avance hasta la cama, note como no apartaba su mirada de mi trasero Me senté en la cama y el siguió avanzando hasta la terraza, no sé si para asegurarse que no había nadie o para mirar si veía a Diana.

 Divise entonces a nuestro amigos los mirones, seguían haciendo fotos, fue la chispa que me faltaba, me decidí, me acerque a la puerta de la terraza y me puse de rodillas, cuando Alex se dio la vuelta se quedó parado, pero no le di tiempo a reaccionar, le baje el bañador y allí estaba mi premio, solo cuatro lametones y se puso a tope. Comencé a chupar con fuerza pero me di cuenta que en esa posición no saldría muy bien en las fotos, así pues Salí a la terraza girando cuarenta y cinco grados a mi derecha, así tenia controlados a los mirones y a Ricardo y Juan que miraban desde el servicio, Alex creía que estábamos solos y su excitación subió tanto que tardo solo dos minutos en correrse. No era mi intención, pero era tan tímido que sobrepase sus límites sin darme cuenta.

Alex hasta me pidió perdón por correrse en mi boca, se despidió con un “abajo nos vemos” y salió casi corriendo... Acto seguido llamé a Juan para hablar con él y le dije:

- Tienes que pedirle a Ricardo que el sábado lleve a Gore a la disco latina. El me devolvió una mirada picara y fue al servicio a comunicárselo, mientras salían de la habitación.

 Me fui a lavarme un poco y me puse la ropa interior, después una blusa ajustada de flores, un escote bastante pronunciado, con dos tirantes y una falda blanca corta, por encima de las rodillas.

 Me apetecía pasear por la playa, así se lo dije a Juan. Cuando llegamos abajo Ricardo se despidió con un hasta pronto y nosotros nos dispusimos a pasear por la orilla de la playa mojándonos los pies.

 A lo lejos distinguí a Diana y Alex, cuando nos acercamos un poco más, enseguida nos vieron y saludaron, ella llevaba su bikini rojo, pero claro sin su parte de arriba, parecía que no le daba ya importancia a enseñar sus pechos, nos acercamos un poco más y ella me comentó que quería ir de compras esa tarde porque no tenía ropa adecuada para ir a la disco, me invito a acompañarla de tal manera que no pude negarme, mientras tanto yo veía que Juan se quedaba bizco, la verdad es que tras la aventura en el servicio Juan y Diana ya no disimulaban su atracción sexual.

 Continuamos nuestro camino y Juan me propuso tomar algo en el chiringuito, empezaba a hacer calor y accedí gustosamente, pedimos un refresco mientras echábamos un vistazo al mar.

Alguien me dio en la espalda, me volví y eran los cuatro mirones, un saludo cada uno, un beso y un apretujón, estos individuos no escatimaban esfuerzos en provocar el roce, cualquier excusa valía para acariciar mis pechos y mi trasero. Nos contaron que era el último día de su estancia y nos invitaron a unas copas por la noche, en la verbena que hacia la terraza de su hotel, tendríamos que ir, la verdad es que no habíamos pasado ninguna noche en esas fiestas que proponen los hoteles de la playa, al menos los dos juntos, a mí me dio un poco de corte, podría haber alguno que me reconociera y Juan todavía no sabía nada de esa noche.

 Uno de ellos colocó su mano en mi cintura y en unos instantes ya me estaba tocando el culo, ya no se cortaban un pelo, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, al parecer aquella crema que me puse estaba surtiendo efecto, el masaje que éste me estaba proporcionando me estaba poniendo a mil, me estaba subiendo la falda, esquivando como pude me senté en un taburete, mirando a la playa me sentía más segura , detrás quedaba la barra, los mirones seguían insistiendo , sobre todo uno, acariciaba mi pierna subiendo hasta donde se acababa, una y otra vez, entonces vi a Alex no me quitaba ojo,,. Al principio retiraba su mano, pero luego le deje hacer, Juan  entonces se aproximó a mi oído y me dijo:

-¡Quítatelas, lo estas deseando!

La verdad era que sí, entre el masaje al untarme la crema, Alex que no aguanto nada  y el calor que me subía por mi interior debido a la crema dichosa, estaba para reventar, solo tuve que hacer unos cuantos movimientos para dejar bis braguitas a la altura de mis muslos, el circulo que habían hecho alrededor de mi me ocultaba de la gente. Tampoco hizo mucha falta , aquel viejo mirón en cuanto vio la maniobra tiro hacia abajo y se las guardo como un trofeo, mi novio procedió entonces a desabrocharme el sujetador, aparecer le estaba gustando aquella situación, también porque vio que Alex no se perdía detalle, el bullicio de la gente encubría nuestro juego , el sujetador salió por debajo de la blusa mientras el viejo me hacía correrme con sus dedos, tuve que parar aquello,  ni era el momento, ni el sitio adecuado, no le deje seguir, era capaz de cualquier cosa en ese momento. Le propuse a Juan dar una vuelta a la manzana, para calmar el ambiente, no era hora de comer todavía.

 Terminamos nuestros refrescos, nos despedimos de ellos hasta la noche y colocándome (más bien descolocándome) la falda logré dejarla a mi gusto, a la altura de mis muslos, comencé a mover mis caderas y empezamos a caminar. No me di cuenta hasta que lo vi, estábamos prácticamente al lado del palacio de Marivent, cosa curiosa, casi enfrente, una tienda que cerraba a las diez de la noche, tenedores de plástico, etc., y alcohol, de todas las marcas que podíamos imaginar, pillamos dos de crema de orujo, dos de wiski y un paquete de seis vasos de chupito. Si la noche se daba mal, ya teníamos con que alegrarnos el cuerpo.


Continuara…




martes, 26 de julio de 2016

VACACIONES EN MALLORCA XI


por MERCHE GARCIA
Cuando entré en el servicio me quedé pensando, no había marcha atrás. Me pregunte donde estaba Juan. Mientras tanto yo oía las risas y el intercambio de opiniones de Ricardo y sus amigos, calificaba a mi novio de cornudo y tonto, deduce entonces que Juan no se encontraba allí,  estaban decidiendo mi futuro inmediato, por lo que escuche no tenían nada decidido hasta ese momento.

 Me coloque el vestido y me mire al espejo que había en la mampara de la ducha por ser este de cuerpo entero, Si hubiera elegido el vestido a propósito no lo habría hecho mejor, mis pezones estaban tan duros que parecían querer perforar aquel vestido, que al ser ajustado por la parte de arriba dibujaba la redondez de mis pechos.

 No tuve mucho más tiempo, se abrió la puerta del servicio, entró Ricardo, me levanto el vestido por atrás y dándome un azote en el culo me pregunto al iodo:

- ¿Está preparada mi perrita para dar una vuelta?

 Yo le conteste que si, en voz baja, Ricardo lo dio por no respondido y dándome otro azote, esta vez más fuerte, me repitió la pregunta, contesté en voz alta que si mientras miraba a los amigos de Ricardo que lo estaban viendo todo desde el portal.

 Ricardo me agarro por los hombros y me llevo hasta la salida sin esperar ningún reproche, en ese instante era mi amo y yo su sumisa.


 Salimos de la casa, mire para ver si mi novio estaba por allí, efectivamente no se había movido del coche y nos dirigimos a lo que parecía ser una tasca, antes de entrar eche una mirada a Juan que comenzó a andar aproximándose. Un local bastante viejo, poco iluminado. Tuvimos que bajar tres escalones para acceder a su interior, la luz era suficiente para distinguir bien las caras de los que estaban allí, cuatro mesas vacías y una más, ocupada por cuatro señores degustando un vino con su tapa correspondiente, a juzgar por su apariencia trabajadores del campo, casi jubilados diría yo, en la barra el camarero o dueño del local, y a la izquierda sentado en un taburete, el que parecía ser el tonto del pueblo a juzgar por su cara desencajada.

 Avance por la tasca, todos se quedaron mirándome, no parecía un local donde entrarán mujeres muy a menudo, mis pezones puntiagudos y el balanceo de mis pechos iban robando las miradas, mis vaivenes de caderas, que yo exageraba un poco paralizaban sus movimientos hasta llegar a quedar todos quietos.

 Estando ya en la barra Ricardo pidió tres cervezas y un agua fría. Sirvieron las tres cervezas y el agua, sin avisar Ricardo cogió el agua fría  y me la echó por encima de mis pechos. Al instante el fino vestido se hizo transparente mastranzo la coloración de mis pezones. Me había cogido por sorpresa. Toda la magia y el erotismo que había conseguido con mi entrada se desvanecieron en un instante.

Advertí la presencia de Juan que entro en ese momento en aquel local, se acomodó en la barra y entre risas Ricardo le pidió una cerveza:

.-Tómatela tranquilamente, que te la vamos a dejar suave. Dijo Ricardo mientras sea amigos se reían.

Los cuatro señores mayores se percataron de que algo raro estaba pasando allí, no dudaron el levantarse y aproximarse. Tampoco hicieron falta muchas explicaciones, cuando llegaron a mi altura, Ricardo levanto mí vestido de atrás entonces me ordenó:

-¡Ábrete de piernas!...¡Mas!....¡Mas!

 Yo me iba abriendo de piernas mientras el agua se desplazaba para abajo haciendo mi vestido a la vez más transparente.

Quedé con las piernas abiertas a tope, apenas guardaba el equilibrio. Los jubilados parecían no creerse a juzgas por sus caras de lo que estaba sucediendo, uno a uno fueron pasando para tocarme cuanto quisieron, mientras Juan , permanecía quieto , tan solo un intento de frustrar aquello, claro que lo impidió un amigo de Ricardo, mientras tanto  iba subiendo mi temperatura , tantas caricias y tantos tocamientos terminaron por ponerme a mil.

Ricardo pronunció tres palabras:

-Gori, ven aquí.

El que pareció ser el tonto del pueblo se levantó y vino hacia nosotros, vaya espécimen, me sacaba más de la cabeza, su cuerpo era todo musculo, mire su paquete fijamente, era enorme y parecía que iba cobrando vida propia, pareció que su polla luchaba por salir sola de ahí.

-¿Qué te parece? Le pregunto Ricardo.

 El medio bestia sin pronunciar palabra alguna metió su mano por debajo de mi falda y agarro mi coño con fuerza. Ricardo tuvo que intervenir y calmarlo diciéndole mientras retiraba su mano:

-Tranquilo, tranquilo Gori, ésta  puta todavía no está preparada.

Abriendo una puerta me condujo hasta ella, un pasillo de unos diez metros y después lo que parecía ser una cochera con una estantería metálica incrustada en la pared. Me desabrochó el vestido y me lo hizo quitar, me puso mirando a la estantería y sacando una cuerda me ato la muñeca derecha a ésta, lo mismo hizo con mi muñeca izquierda. Luego saco una tela y me vendo los ojos. Se acercó a mi oído y me dijo susurrando:

- Te juro, que hoy te vas a correr como nunca te has corrido.

Escuche como destapaba un bote o algo parecido y note como untaba por fuera de mi ano algún producto para luego introducirlo con un dedo por dentro. Hizo lo mismo con mi coño esmerándose un poco más en mi clítoris, yo me estaba corriendo de gusto cuando paró de golpe y me pregunto:

- ¿Te está gustando zorra?

Sin esperar mi respuesta me atizó una palmada fuerte en mi trasero que hizo tambalear mis tetas de un lado para el otro, a continuación metió tres dedos en mi coño de golpe, el dolor y el placer se fundieron saliendo de mi garganta a modo de grito ansioso pidiendo más. Paró de nuevo Ricardo y noté como se iba introduciendo dentro de mi coño algo frio diferente, algún objeto pensé yo, Ricardo se acerado mi oreja y me susurro:

-No te preocupes putita dentro de unos minutos estarás lista para nosotros.

Percibí como se alejaba Ricardo dejándome con los ojos tapados y algo ocupando todo el interior de mi coño, algo que pareció hacerse más grande cada minuto

 A los dos minutos, que mí me parecieron dos horas, oí como se acervan pasos de nuevo, pasos de más de una persona, en silencio, note como se detenían al lado de mí. Una mano en mi espalda que bajaba despacio, por toda mi columna vertebral, para detenerse en mi ano acariciando la entrada de éste. En mi cara el contacto de una tela fina que cubrió mi boca, me estaban amordazando. Sentí que mi ano estaba siendo invadido por otro objeto, pareció más pequeño que el que ocupaba mi coño, pero igualmente me llenaba entera, a la vez que este instrumento entraba dentro de mí percibí como iban masajeando mi clítoris cada vez más deprisa. Me corría una vez tras otra, mi cuerpo se retorcía de placer, pero mis gritos de deseo se ahogaban en el pañuelo que cubría mi boca, sólo unos pocos sonidos sordos escapaban por mi nariz. Estaba rodeada por gente que no veía, no sabía cuántos eran, el aspecto que tenían, ni los planes que guardaban para mí. Eso sí, un olor a vino barato lo empezó a cubrir todo, deduje por ese detalle que los que estaban sentados en aquella mesa, aquellos viejos también estaban allí.

 De pronto paró todo, me estaban retirando aquellos objetos que estaban dentro de mí, despacio sin prisas, para que yo notara el alivio de esa presión que salía de mi interior.

 Una breve pausa, enseguida empezaron los masajes sobre mi trasero castigándolo con azotes de vez en cuando, era inútil intentar gritar o esquivar, notaba como cada vez la piel se hacía más sensible a los golpes que recibía, como cada vez me gustaba más esa mezcla de dolor y placer que me invadía.

 Uno de ellos se puso detrás de mí, percibiendo su calor corporal me preparé para su penetración, por fin, era lo que yo necesitaba en ese momento, fue de golpe sin avisar, un movimiento frenético se apoderó de él, su polla entraba y salía con suma facilidad, hasta dentro toda entra y toda fuera en una fracción de segundo. Yo me retorcía de placer, igual de rápido fue su final, con toda su polla dentro exhalo fuerte la primera vocal y me inundó de semen. La sacó de golpe, el fluido que se hallaba dentro de mi empezó a escurrirse por mis piernas que empezaban a temblar, uno de ellos se dio cuenta de la situación pues me desato las muñecas y cogiéndome del cuello me doblo hasta apoyar mi cara derecha en lo que parecía ser una manta, quede de rodillas con la cara y mis pechos pegados a la manta, me abrió las rodillas estaba completamente abierta, expuesta a todos los que estaban presentes.

 Noté como una mano acarició mi culo, introduciendo un dedo en mi ano que ya estaba dilatado por el objeto que me metieron anteriormente, luego introdujo otro dedo más, se posiciono detrás de mí, y sacando los dos dedos fue insertando su miembro, despacio muy despacio hasta tenerla toda dentro,.

 Al principio me dolió un poco, pero el dolor fue dejando paso al placer, metió su brazo abrazando mi cintura hasta que sus dedos alcanzaron mi clítoris masajeándolo suavemente. Otro me quito el pañuelo que cubría mi boca, pero ya no sentía dolor, eran sonidos de placer los que emitía mi boca.

 Lo estaban haciendo bien, sabían conjugar en su justa medida lo que pedía y lo que merecía. Viendo todos ellos que aquello me gustaba, animaron a acelerar la velocidad que fue creciendo progresivamente terminando en un grito de placer, los dos juntos.

 Este último se levantó y oí como se alejaban unos pasos, a continuación unas manos me descubrieron los ojos, ya podía ver, pero no podía creer lo que estaba viendo. Sólo quedaban tres personas a mi lado, Ricardo, Gore y Juan mi novio, había esto presenciando todo el espectáculo. Ricardo me dio la vuelta, así quede boca arriba y me abrió la piernas del todo ofreciendo todo mi sexo a Gori, que parecía muy alterado, nervioso comenzó a quitarse la poca ropa que le quedaba. Era increíble este tal Gori, todo cubierto de pelo y con un miembro entre las piernas exagerado, descomunal, mitad hombre mitad bestia, se acercó a mi hincando las rodillas en el suelo, cuando estuvo a la altura de mi coño cogió una pierna con cada mano y las doblo hasta casi tocar mis pechos, apunto su polla hacia mi coño sin manos y la introdujo de golpe dejándola dentro. Yo en esa posición no me podía ni mover pero me sentí llena en un instante.

 Empecé a notar algo raro en mi interior, no sé si era por el contacto del  pelo de su cuerpo o la posición ciertamente incomoda, esa polla parecía tener vida propia dentro de mí, parecía que se alargaba y se retorcía buscando todos los rincones de mi interior, era una sensación que nunca había experimentado, era un orgasmo tras de otro, empezó a mover de dentro a fuera con un movimiento arrítmico, que me volvía loca, yo no paraba de gritar de placer.

 No tardó mucho, pro yo ya estaba satisfecha con creces, la saco y extendió su lluvia por todo mi cuerpo.

 Yo intenté limpiarme pero Ricardo me lo impidió. Gori se levantó y se fue vistiéndose por el pasillo.

 Ricardo cogió mi vestido y se lo entregó a Juan que estaba como ido diciéndole:

- Aquí te la entrego, satisfecha como habíamos acordado.

 Ricardo metió sus manos en el bolsillo y desapareció por el portal dejándonos solos allí, Juan se acercó y me ayudo a levantarme, apenas me sostenían mis piernas, me puso el vestido que estaba húmedo todavía preguntándome:

- ¿Estas bien cariño?

 Yo asentí con la cabeza, todavía no me salían las palabras.

Salimos por una puerta que tenía aquella cochera, en la calle, en la misma puerta estaba el coche que había alquilado Juan, me ayudo a subirme a él y antes de andar un kilómetro ya estaba dormida, estaba extenuada.

 Habían sido cuatro días de locura continuada. Disfruté como nunca había imaginado, no solo eso, sino que cada aventura me llevaba otra más excitante todavía.

 Gori, Gori, repetía en mi cabeza, como dominar a esta bestia, Gori Gori..Diana..Gori...Diana...Diana

En mi cabeza ya se estaba preparando un plan para darle a Diana lo que se merecía. Diana había pedido guerra y yo no la defraudaría, tendría su bestia correspondiente.

Un beso a todos y hasta pronto, se despide ciempre vuestra ....Merche

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